¿Qué son las ciudades amigables?

Cruces peatonales seguros, ancho suficiente para sillas de ruedas, calles libres de obstrucciones como coches mal estacionados, prioridad de acceso a peatones, zonas para descansar en espacios urbanos, adaptación del transporte público… Éstas son algunas de las características de una Ciudad Amigable, un entorno urbano integrador y accesible que fomente el envejecimiento activo. Hablamos de […]

Cruces peatonales seguros, ancho suficiente para sillas de ruedas, calles libres de obstrucciones como coches mal estacionados, prioridad de acceso a peatones, zonas para descansar en espacios urbanos, adaptación del transporte público… Éstas son algunas de las características de una Ciudad Amigable, un entorno urbano integrador y accesible que fomente el envejecimiento activo.

Hablamos de una ciudad que incluya y adapte sus servicios y estructuras a las diferentes necesidades y capacidades de nuestros mayores, para mejorar su participación, seguridad y salud. Y en definitiva, su calidad de vida.

La realidad es que la población mundial envejece; En 2050 la población mayor de 60 años se habrá duplicado, y por primera vez en la historia, habrá más población mayor de 60 años que niños. ¿Esto que significa? Que ha llegado el momento de transformar nuestro entorno, porque la salud mundial ha mejorado y con ello, el porcentaje de personas mayores.

Cuándo se empezó a hablar de Ciudades Amigables

En el 2006, la OMS (Organización Mundial de la Salud) desarrolló un proyecto para identificar las claves de un entorno urbano que fomente el envejecimiento activo y saludable. Reunió a 33 ciudades de 22 países en este proyecto que concluyó en el 2007 y que dio como resultado la guía: Ciudades globales amigables con los mayores.

Para empezar a construir nuestra Ciudad Amigable, debemos romper con los estereotipos y reconocer la grandes contribuciones de nuestro mayores en la sociedad; bien sea en el seno familiar, en actividades sin ánimo de lucro o en sus participaciones activas en el desempeño del trabajo. Su sabiduría y experiencia son un recurso social fundamental que debemos valorar, aprovechar y agradecer.

No obstante, estas ventajas se enfrentan también a desafíos sanitarios especiales. Es necesario contar con una atención sanitaria suficiente y especializada en las necesidades de este sector de la población. Hablamos tanto de formación para los profesionales sanitarios, como en la mejora de tratamientos para enfermedades crónicas asociadas a la edad, incluso en el desarrollo de políticas sostenibles en métodos paliativos de larga duración, entre otros.

Por lo tanto, cuanto antes empecemos a trabajar por un entorno flexible y accesible para nuestros mayores, antes lograremos transformar nuestra comunidad en una Ciudad Amigable, en la que el envejecimiento saludable permita una mejora social y económica que nos beneficie a todos. Así que, ¡manos a la obra!

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