¿Cómo es el amor y la sexualidad en las personas mayores?

Entrar en la etapa de la tercera edad no tiene por qué suponer el final de las expresiones de amor, afecto y sexualidad, puesto que lo único que cambia es la manera de relacionarse. El ser humano es capaz de amar hasta su último instante y esta capacidad de amar y de ser amados son […]

Entrar en la etapa de la tercera edad no tiene por qué suponer el final de las expresiones de amor, afecto y sexualidad, puesto que lo único que cambia es la manera de relacionarse. El ser humano es capaz de amar hasta su último instante y esta capacidad de amar y de ser amados son dos condiciones básicas de la calidad de vida de las personas mayores.

Las relaciones amorosas en las personas mayores no son algo fuera de lo común y comprenden tantas variables posibles como en la juventud, admirable en el caso de las parejas con largas décadas de convivencia, o divertida si se trata de unos novios que empiezan a cogerse de las manos.

Existen estudios que demuestran que los mayores que disfrutan de una vida sentimental plena tienen mejores resultados en su salud física y mental, además de una mejor calidad de vida, independientemente de sus patologías asociadas.

La barrera de la familia

En general, los mayores manifiestan una gran predisposición a emparejarse, lo que muchas veces no llegan a realizar por la oposición de la familia y su entorno más inmediato. Los hijos no siempre comprenden los deseos de sus padres y las cuestiones económicas se levantan como un obstáculo en ocasiones.

Las relaciones entre personas coetáneas están mejor consideradas que las establecidas cuando las diferencias de edad son acusadas. Pero aquí hay grandes diferencias en cuanto al género, pues está peor visto que sean las mujeres las que tengan relaciones con parejas más jóvenes. Sin embargo, cuando es al contrario, al hombre hasta se le sonríe de forma cómplice.

Dificultades físicas

Pero no sólo es el rechazo social o familiar lo que frena estas relaciones, ya que a veces, más que la edad, son determinadas enfermedades o el estado de salud como la diabetes, los problemas cardiovasculares y articulares, los efectos secundarios de ciertos medicamentos, etc. los que suponen dificultades para establecer con plenitud emocional y física relaciones sentimentales.

Sin embargo, en otras ocasiones son precisamente estos achaques los desencadenante de la búsqueda de una relación, para estar acompañado, ser cuidado mientras se cuida al otro, evitar la soledad, etc.

Una vez que se establece la relación de afecto, viene todo lo demás. Y es aquí donde aparecen el deseo físico al igual que en las otras etapas de la vida.

Sexualidad en la tercera edad

Si el deseo de sentir físicamente a la pareja es a los 75 años es el mismo que a los 25, el llevarlo a la práctica es bastante diferente.

Las relaciones sexuales en la tercera edad son más espaciadas, más lentas y de reacciones más tardías que en el adulto más joven, debido a los cambios físicos que causa el envejecimiento. Además, en muchas ocasiones, el padecer determinadas patologías van a obligar a modificar las pautas y hábitos sexuales, dando oportunidad para explorar nuevas formas de dar y recibir placer.

La mujer ha logrado su orgasmo gracias a los conocimientos de sus zonas erógenas y las técnicas de estimulación y autoestimulación, que pueden ser compartidas con sus parejas jóvenes o viejas, nuevas o antiguas. Además de la sustitución hormonal y los geles lubricantes, la mujer madura debe conservar, recuperar o desarrollar su poder de seducción como una cualidad social más.

Los varones pasaron de las ‘pócimas del amor’, a las hormonas que eran eficaces sólo en caso de alteración masculina comprobada, pasando por nutrientes y estimulantes generales, por el citrato del sildenafil, vendido bajo la marca Viagra, entre otros, para llegar al clorhidrato de apomorfina que facilita el reflejo erectivo por estimulación directa del glande, eficaz en todas las edades, pero específica de las parejas adultas mayores desde hace décadas.

Y es que aunque en la tercera edad hay nuevos paradigmas sobre el amor y la sexualidad, ambos pueden expresase en toda su plenitud.

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