¡Abuela al volante! Seguridad vial para mayores

Según datos de la D.G.T, en España un 10% de titulares de permisos de conducción censados corresponden a personas mayores de 65 años. En los últimos años, este colectivo sigue una curva ascendente de crecimiento. Es un hecho que hay un lento pero constante envejecimiento del censo de conductores, tal como sucede en la sociedad […]

Según datos de la D.G.T, en España un 10% de titulares de permisos de conducción censados corresponden a personas mayores de 65 años. En los últimos años, este colectivo sigue una curva ascendente de crecimiento. Es un hecho que hay un lento pero constante envejecimiento del censo de conductores, tal como sucede en la sociedad en general, debido a una mayor y mejor calidad de vida.

La movilidad se ha convertido en nuestra sociedad actual en un indicador de la calidad de vida y del nivel del estado de bienestar físico y psicológico de una persona.

Estadísticamente, los conductores mayores tienen una menor siniestralidad que otros grupos de edad en números absolutos, en cambio tienen un mayor número de accidentes por kilómetros recorridos en relación con otros conductores adultos.

Los conductores y las conductoras mayores de 65 años son prudentes, no conducen a grandes velocidades, respetan en general las normas, no beben ni se drogan, utilizan el cinturón y cuando notan alguna limitación física son ellos mismos quienes suelen poner sus propias soluciones en forma restrictiva con acciones tales como: no conducir de noche, no conducir en condiciones climatológicas adversas, conducir por recorridos conocidos, preparar muy bien y con antelación el trayecto cuando el recorrido no es habitual o es desconocido, etc.

Así mismo, se producen despistes al disminuir tanto la capacidad de los órganos de los sentidos (esencialmente vista y oído) como la rapidez de reflejos y la capacidad de concentración.

Por su experiencia como conductor, ya sabe que no hay nada más peligroso que el exceso de confianza, sobre todo, en aquellas conductas que son tan habituales que nos hacen perder la sensación de riesgo. Por ejemplo:

– Cuando la vista y el oído van perdiendo agudeza, se necesita más tiempo ante cualquier imprevisto. Controle la velocidad y aumente la distancia de seguridad.

– Es normal que sea más sensible al cansancio y la fatiga. No tenga prisa: en viajes largos realice más paradas y tómese tu tiempo.

– Consulte siempre a su médico sobre lo que está tomando y siga al pie de la letra sus indicaciones. Preste atención a los efectos secundarios de los medicamentos al volante.

– A veces, los elementos de seguridad pueden suponer una cierta incomodidad pero, en caso de accidente, cinturón y casco son tan importantes ahora como siempre.

– Y por último, las normas de tráfico han evolucionado: el uso del móvil, el permiso por puntos… Conocer esos cambios es conducir mucho más seguro

Por eso tienen tanta importancia las revisiones médicas: sirven para detectar nuestros “niveles” y actuar en consecuencia. Sólo conociendo perfectamente nuestras condiciones físicas podremos tomar las medidas oportunas.

La experiencia es el mejor seguro de vida, por ello los mayores conductores no deben dejar de aprender. Pon a prueba tus conocimientos, mide tus habilidades y pon a punto tus aptitudes con estos sencillos juegos.

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