El día 15 de septiembre se celebró el día internacional de la democracia. La democracia es un sistema político que defiende la soberanía del pueblo y el derecho del pueblo a elegir y controlar a  sus gobernantes. Es una forma de organización social que atribuye la titularidad del poder al conjunto de la ciudadanía (wikipedia). Nuestros abuelos lucharon por conseguir la democracia, y nosotros debemos aprender de la experiencia de nuestros mayores.

La democracia: un derecho fundamental

La Declaración Universal de Derechos Humanos expresa en su artículo 21: «La voluntad de la población debe constituir la base de autoridad de gobierno; ello se expresará en elecciones periódicas y genuinas, que serán mediante sufragio universal e  igual, y se celebrarán por voto secreto, o procedimientos de votación libres equivalentes.»

Según la ONU, «la Declaración Universal de Derechos Humano ha inspirado la redacción de constituciones en muchos lugares del mundo. Y también ha contribuido a la aceptación global de los  valores y principios democráticos».

La experiencia de nuestros mayores y la democracia

Toda Europa se enfrenta al reto de tener una población envejecida. Uno de cada 4 votantes tiene ya más de 60 años.  El envejecimiento de la población preocupa social y políticamente a los dirigentes españoles y europeos. Para salvaguardar la democracia deberíamos empezar por cambiar la visión que tenemos de una tercera edad conservadora y dependiente. Es más bien todo lo contrario, debemos apoyar el empoderamiento de la tercera edad, y animarles a que formen parte de la sociedad, debemos otorgarles un mayor peso político.

Si algo sabemos es que los cambios se consiguen con la reivindicación social, y llegado el momento de las reivindicaciones, debemos hacerlos partícipes, pues se van a convertir en mayoría y deberán actuar como la fuerza del cambio junto con nosotros. Como ya lo hicieron en su día, por eso debemos aprender de la experiencia de nuestro mayores.

El envejecimiento de la población y la conciencia política

Se puede pensar que con el progresivo e inexorable envejecimiento de la población, la clase política pueda estar en manos de personas muy mayores, atrasadas y reticentes a los cambios. Debemos acabar con esos estereotipos, pues actualmente asistimos a una crisis democrática en la que faltan los ciudadanos, el «demo»,  y no es debido a la edad avanzada de  la población. Es más bien la falta de pensamiento crítico lo que nos hace estar donde estamos.

En Europa, más de la cuarta parte de la población ha superado ya los 60 años. Y sin embargo la participación de la tercera edad en los gobiernos, en los partidos políticos, en los juzgados, e incluso en el congreso o en el senado, es poco significativa. Por el contrario, los más mayores de la sociedad son los que están al pie del cañón en todo lo relacionado con el voluntariado y la solidaridad, y más aún las mujeres. Ellos están actuando de conciencia política y cívica. Por eso no podemos achacar ciertas actitudes a la edad, es más bien una cuestión de carácter, formación, o experiencia. Y los que más experiencia tienen son nuestros mayores. Demos un voto de confianza a la experiencia de nuestros mayores.

aprendamos de la experiencia de nuestros mayores

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