El 12 de Agosto se celebra el día internacional de la juventud. Pero ésta no podría entenderse sin una referencia, «el envejecimiento». Puede parecer que mayores y jóvenes son dos términos antagónicos, pero nosotros como sociedad debemos acercarlos. Pasado y futuro deben coincidir en el presente.

Debemos ser conscientes de la necesidad de ambos. La necesidad de conocer nuestro pasado para construir nuestro futuro.

La juventud no es un tiempo de la vida, es un estado del espíritu

Mateo Alemán (escritor español. 1547-1614)

La vida transcurre mientras atravesamos etapas. Nos construimos a través de vivir años y vamos acumulando años y experiencias. Pero no somos nadie si no conocemos de donde venimos, necesitamos referencias para seguir creciendo.

Lo más bonito de la juventud es conservar la vida hasta llegar a ser ancianos, para así poder portar experiencias de vida junto a los años.

Los mayores fueron jóvenes y los jóvenes se convertirán en ancianos

La juventud se asocia a la fuerza, a la vitalidad, la vejez con la experiencia, ambas cualidades valiosas y necesarias en cualquier ámbito de la sociedad. Entonces, la sociedad debe dejar de mirar a los mayores como meros receptores de cuidados o cariño, y considerarlos elementos útiles. Dejar de lado los estereotipos de antaño, y tener en cuenta sus capacidades y no solo sus años.

Jóvenes y mayores deben estar presente en consejos de gobierno, grandes multinacionales, gestionando nuestra política y economía. Ambos necesarios por lo que cada uno aporta. Pues cada etapa de la vida proporciona cualidades diferentes y complementarias. Ganas, fuerzas y resistencia por un lado, sosiego, mente fría, y sinceridad por otro.

Jóvenes y mayores

La juventud es un estado del alma. Como la vejez, que también es una actitud

Como ya sabemos que indefectiblemente nos acercamos a una sociedad cada vez más envejecida, nosotros como sociedad debemos poner en valor las cualidades de la etapa más madura. Deberíamos saber reconocer que sin ellos no hubiéramos llegado a donde estamos. Deben ser parte activa todavía de nuestro futuro, pues un mayor consciente de su necesidad, mentalizado para seguir participando en la sociedad resultará  muy provechoso.

Abrimos esta entrada con una frase sobre la juventud, y queremos cerrarla con un poema sobre la etapa madura.

¿Qué cuántos años tengo?

«¡Qué importa eso!

¡Tengo la edad que quiero y siento!

La edad en que puedo gritar sin miedo lo que pienso.

Hacer lo que deseo, sin miedo al fracaso o lo desconocido…

Pues tengo la experiencia de los años vividos

y la fuerza de la convicción de mis deseos.

¡Qué importa cuántos años tengo!

¡No quiero pensar en ello!

Pues unos dicen que ya soy viejo

otros «que estoy en el apogeo».

Pero no es la edad que tengo, ni lo que la gente dice,

sino lo que mi corazón siente y mi cerebro dicte.

Tengo los años necesarios para gritar lo que pienso,

para hacer lo que quiero, para reconocer yerros viejos,

rectificar caminos y atesorar éxitos.

Ahora no tienen por qué decir:

¡Estás muy joven, no lo lograrás!…

¡Estás muy viejo, ya no podrás!…

Tengo la edad en que las cosas se miran con más calma,

pero con el interés de seguir creciendo.

Tengo los años en que los sueños,

se empiezan a acariciar con los dedos,

las ilusiones se convierten en esperanza.

Tengo los años en que el amor,

a veces es una loca llamarada,

ansiosa de consumirse en el fuego de una pasión deseada.

y otras… es un remanso de paz, como el atardecer en la playa..

¿Qué cuántos años tengo?

No necesito marcarlos con un número,

pues mis anhelos alcanzados,

mis triunfos obtenidos,

las lágrimas que por el camino derramé al ver mis ilusiones truncadas…

¡Valen mucho más que eso!

¡Qué importa si cumplo cincuenta, sesenta o más!

Pues lo que importa: ¡es la edad que siento!

Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos.

Para seguir sin temor por el sendero,

pues llevo conmigo la experiencia adquirida y la fuerza de mis anhelos

¿Qué cuántos años tengo?

¡Eso!… ¿A quién le importa?

Tengo los años necesarios para perder ya el miedo

y hacer lo que quiero y siento!

Qué importa cuántos años tengo.

O cuántos espero, si con los años que tengo,

¡¡aprendí a querer lo necesario y a tomar, sólo lo bueno!!»

José Saramago

Suscríbete

Y recibes promociones y novedades

Acepto las condiciones legales